LA TARDE EN QUE SE ACABÓ LA PANDEMIA


El distanciamiento físico ha sido ultrajado explícitamente en Artigas bajo dos lemas: "el no me importa" y el "a mí no me va pasar". El placer de estar un rato bajo el sol pudo más que pensar en los días que vendrán.

La tarde del domingo 17 de mayo fue distinta. El centro de la ciudad estaba desierto. Sin la calesita de vehículos, hacía pensar en qué responsable y consciente es la  gente de Artigas. 

Sin embargo, en el By Pass se vivía un día de fiesta, un día casi de celebración de que se había acabado la pandemia. El COVID 19 pasó´muy lejos de Artigas, ese era el mensaje, hasta el tapaboca había sido anulado. 

Decenas de artiguenses se volcaron a las márgenes del By Pass a disfrutar la tarde primaveral. Reunión, conversa, buena música, una buena rueda de mate y todos cuánto más cerca mejor.

No había inconciencia, no había desinformación, no había ignorancia; había incredulidad y falta de habilidad para responder al peor momento que enfrenta el mundo desde diciembre cuando todo comenzó en Whuan, China. 

En vano ha sido la exhortación de las autoridades y su trabajo prolijo de concientización hasta el momento para retardar la llegada del nuevo coronavirus. 

Aun el frío que alimenta el virus no ha llegado, pero eso no importa. La atención en salud en Artigas es de las mejores en el mundo. Sobran médicos, enfermeras, camas de cuidados intensivos, sobran respiradores, sobran el "a mí no me va a pasar" y sobra aun más el "a mi no me importa".

Ojalá la tarde de este domingo se transforme en anécdota y no en punto de inflexión para la enfermedad en la ciudad que de ser así no fue por inconciencia sino por irresponsabilidad.









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